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El CM Ausias March: mis vivencias de hoy, mis recuerdos de mañana

Los trabajos se me acumulan. Cuatro trabajos en grupo y dos individuales, de los grandes, todo sin contar los pequeños trabajos que me mandan dentro de una misma semana y que aunque ayudan, entorpecen mi rutina diaria. Además, dos exámenes la semana que viene.

¿Qué cómo hago para organizarme? la verdad es que ni yo misma lo sé. Simplemente, me acabo organizando, las tareas acaban saliendo, eso sí, unas mejor que otras.

Y eso que, en comparación con otros estudiantes que viven en pisos y tienen que estar pendientes de facturas varias, de hacer la compra, cocinar, lavar la ropa… me considero una persona afortunada. Sí, afortunada de vivir en una residencia universitaria, El Colegio Mayor Ausias March.

Cuando mis padres me dijeron que si me iba a Valencia preferían una residencia universitaria antes que un piso de estudiantes, al principio no me hizo demasiada gracia. Desde el fondo de mi inmadurez pensaba que la independencia de tener mi propia casa junto con compañeros sería genial.

Ahora sé que me equivocaba, y la prueba está en las desordenadas vidas que llevan muchos de mis compañeros de clase que viven en pisos compartidos. Y es que la vida adulta no es fácil, y muchos de ellos no pueden con todo y siempre tienen que sacrificar algo: comida elaborada, horas de ejercicio, trabajos terminados a tiempo, salir con amigos… siempre hay algo que se dejan a medio hacer, o que hacen rápido y mal.

Tengo que reconocerlo, aunque mis padres son a veces un poco pesados, me han inculcado el saber hacer, el orden y la vida saludable a la hora de hacer las cosas, y una de las muchas cosas que tengo que agradecer a mi Colegio Mayor es el haber dado continuidad a esas costumbres, que son, al fin y al cabo, un retrato de lo que quiero que sea mi vida futura.

En el Ausias he aprendido a organizarme, a dedicarme de lleno a mis estudios, a adquirir hábitos saludables (ahora, al fin, ya me como la bachoqueta y la alcachofa) y a disfrutar con mis amigos mis ratos libres.

Aún me queda un año y medio para terminar mis estudios, pero los buenos momentos y las experiencias compartidas no me las quita nadie, y desde luego, no se pueden pagar con dinero.

Pienso en el día en el que tenga que decir adiós a esa entrañable habitación (en la que he metido todo mi mundo, incluído ese peluche gigante sin el que no puedo vivir) y siento tristeza y alegría al mismo tiempo: tristeza, por dejar atrás a compañeros y a todos los trabajadores del Ausias que todos los días me saludan con una sonrisa, los que me ayudan con cualquier problema que pueda surgirme, y alegría, porque me llevo de aquí un sinfín de recuerdos para toda la vida, grandes empachos de codos de mil y una horas (sola y acompañada), buenos y grandes amigos, una comida deliciosa que será difícil de olvidar (nota mental: tendré que pedir alguna que otra receta), viajes, galas… y esa sensación de subirme cada tarde al autobús para volver a mi hogar y al de muchos otros.

Por ello, aunque aún me vayáis a tener aquí para rato, solamente quiero decir una cosa:

Gracias, Colegio Mayor Ausias March

Fdo: una anónima y nostálgica estudiante

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